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Cuando miro a mis nietas pienso en que ellas no se arrodillan. Yo me había arrodillado muchísino, en la escuela, con los castigos; en la Iglesia y en casa cuando cada día se rezaba el Santo Rosario. También nos arrodillábamos para fregar el suelo y para ayudar a mi madre a lavar la ropa. Quizás por eso estoy tan mal de las rodillas.
Ahora me sigo arrodillando para subirles a mis nietas los bajos de los pantalones. No se arrodillan, pero tampoco saben coser.
Cansado, cansado hasta el mismísimo cansacio, hastiado de todos y de todo. Tan harto y agobiado que la nota de suicidio constaba de tan sólo una palabra:
"Dimito."
¿Hay algo peor que ser el mejor amigo de la mujer de la que se está enamorado? Tengo que soportar que me cuente sus charlas con él, sus peleas, sus reconciliaciones. Gracias a Dios no llega al extremo de hablarme de cosas directamente íntimas, aunque desgraciadamente mi imaginación completaba lo que sus risas y sus medias palabras sólo dejaban entrever. Es una tortura, a veces pienso en hacerme el enfadado por algún motivo banal. Pero sólo el pensar en no verla, no escuchar su voz, me resulta del todo insoportable. El estremecimiento que recorre mi piel cuando suena el móvil y es ella que quiere ir al cine o a tomar un café, mi inmensa felicidad cuando su mano me roza, cuando puedo oler sus cabellos.
¿Me compensa? No lo sé. Sólo sé que no puedo hacer nada para cambiar esta situación. Cuando me habla de que se peleó con su novio no puedo evitar albergar esperanzas, aunque sé que son infundadas, aunque no tuviera novio yo soy su "amigo". Nunca me querrá.
Y paradojas de la vida, hay otra chica que me quiere, y yo por motivos evidentes no puedo quererla. Simplemente me esfuerzo en conseguir no lastimarla en exceso. En ocasiones he pensado en salir con ella, en intentar el manido "un clavo saca otro clavo". Pero ¿y el olor de sus cabellos?
Después de meses sin hacerme caso, sin contestar a mis correos, sin llamarme, de responder a mis llamadas con desinterés. Ahora dices que me quieres, que estabas equivocada y que no puedes vivir sin mí. Ahora que por fin he conseguido que mi primer pensamiento cuando me levanto no sea para ti, ahora que no me atormenta pensar en dónde estarás o con quién...Ahora decides estabas equivocada, siempre me quisiste, es sólo que no te diste cuenta de que era amor, ¿acaso pensabas que era una picadura de mosquito?.
"Too late" como decía Judy Dench en Shakespeare in love. Me echaste a perder el enamoramiento, ahora no me vas a estropear el olvido, niña malcriada.
¿En qué momento te perdí? ¿En que momento nos volvimos estos corteses extraños que conviven procurando no molestarse mutuamente? Sólo sé que antes de vivir juntos no quería estar separado de ti, y ahora tengo una sensación de agobio cuando pienso que ya estarás en casa cuando llegue. No soy capaz de recordar la última vez que nos reímos juntos.
Al mismo tiempo no quiero ser yo quien plantee que la situación ya no tiene remedio, que es mejor separarnos y seguir cada uno su propio camino. Tú tampoco pareces dispuesta a hacerlo. Lo único que compartimos son las labores de la casa. Casi no nos dirigimos la palabra, uno y otro nos hemos buscado actividades para estar lo menos posible en casa. La situación no es ni mucho menos insostenible, podríamos seguir así durante años y años. Eso es lo que lo hace tan insoportable.
Después de cumplir setenta años, lo que más le costó fue aprender a vivir con el dolor, esperar cada mañana quince minutos en la cama, sin levantarse. Haciendo un repaso general de su cuerpo. Pensando en que partes le dolían hoy.
Y luego levantarse, hacer un café con leche y comerlo con galletas. Mojando las galletas en el café con leche y bebiéndoselo muy despacito. Después vestirse y salir a sentarse un rato al parque, al sol. El sol alivia todos los dolores.
El pueblo era pequeño, blanco, estaba al lado del mar. Fui a parar allí por casualidad, o más bien dicho por culpa de mi sentido de la orientación. Me confundí en varios desvíos, esos malditos caminos de tierra parecen todos iguales, y acabé por encontrar ese extraño lugar junto al mar.
Yo era una desgraciada turista, me atreví a alquilar un 4x4 y aventurarme por la costa del Pacífico de este país que creía conocer bien, creo que mi reciente divorcio hizo que me sintiera más atrevida de lo normal, además contaba con unos amigos en la zona, en cuya casa podía alojarme algunos días. Al entrar en el pueblo con la intención de cargar gasolina, me vi sorprendida por diversos detalles, no encontraba la plaza de la iglesia que hay en todos los pueblos, las calles eran tan estrechas que tuve que abandonar el vehículo, y entonces me di cuenta de que no circulaba ningún coche, ni una moto o una bicicleta. A diferencia de otros pueblos de la zona que había conocido, mayoritariamente indígenas y dedicados a la agricultura comunal, a la ganadería (si se puede llamar así a que una familia tenga unas gallinas y otra un cerdito, sólo los más pudientes llegan a poseer una vaca, a veces entre varios propietarios), a la pesca y al comercio de artesanías. En ellos se veía a la gente trajinando, vendiendo y comprando en los mercados callejeros, en cambio en esta localidad no se veía a nadie, pero no daba la impresión de estar abandonada. Las calles estaban limpias y las casas en buen estado, pero el silencio era sobrecogedor, no se oía nada, ni el piar de un pájaro, ni el ladrido de un perro, ni el llanto o la risa de un niño.
No sabía que hacer, evidentemente en ese lugar no iba a encontrar una gasolinera y temía que se me acabara el combustible. Además de no saber dónde estaba y qué debía hacer para volver a mi alojamiento. Súbitamente vi una tienda y me dirigí allí, al entrar me sorprendí por que no se veía ninguna clase de mercancía, estaba muy oscuro. Había un escritorio y una silla en la que estaba sentada una mujer joven cuyo aspecto me asombró: era albina y vestía un sencillo traje blanco, sin ningún adorno. La saludé y vi que se sobresaltaba, al girar la cara pude ver por qué no se había percatado de mi presencia: era ciega. Al preguntarle por una gasolinera, pareció que no sabía lo que era, respecto al camino me dijo que nunca había salido del pueblo, nadie podía ayudarme allí y yo debía irme por donde había venido. Sorprendida por su brusquedad me alejé y me fui del pueblo. Tuve la suerte de reencontrar el camino y pude volver a la casa de los amigos con los que me alojaba.
Martín y Elena eran profesores en una Universidad de la capital, pero cansados del estrés decidieron alejarse y vivir en un sitio pequeño y trabajar para la empresa privada, desde su casa. En la cena, les conté mi experiencia y pude ver cómo cambiaban sus expresiones. Martín me dijo que habían oído hablar de un poblado como el que yo decía a María, la chica de limpieza, pero que no le habían hecho caso atribuyéndolo, bien al deseo de burlarse de los capitalinos o a las fabulaciones propias de la cultura oral de los indígenas de la zona. No dijeron nada más, pero la cara de Elena reflejaba temor.
Incapaz de olvidar mi experiencia, al día siguiente entablé conversación con María aunque sin contarle mi experiencia, pero procuré dirigir la conversación hacia asuntos extraños y gente con físicos peculiares. Pronto ella me habló de "el pueblo", así lo llamaba. Me dijo cosas sorprendentes, entre otras que no sólo aquella chica era albina y ciega, sino que lo era toda la población. En aquel lugar no había niños ni ancianos. No se sabía a que se dedicaban, pero no era a la tierra, ni a la ganadería, tampoco tenían barcos de pesca. En realidad el pueblo había surgido hacía aproximadamente 50 años, nadie se había dado cuenta hasta que un día el abuelo de María que era pastor, lo encontró mientras vagaba con su rebaño. Aquella gente no se relacionaba con los otros pueblos. Cuantas veces se había intentado comerciar con ellos, los comerciantes habían sido expulsados del pueblo. El abuelo de María se había marchado dos años después, afirmando que el mal se había asentado en la comarca y dejando mujer y cinco hijos. Nunca volvió. Tras contar esto María se calló.
En la casa trabajaba como cocinera la tía de María, Gloria. Las escuché hablar, la tía reñía a la joven por haberme hablado, diciendo que podía producirse una tragedia, no debía hablarse de esa gente. Todo ello evidentemente despertó mi curiosidad y me hizo acercarme al día siguiente a la ciudad, en busca de la biblioteca comarcal, pues quería investigar en los periódicos locales. Encontré a un amable joven que se mostró sorprendido por que yo pudiera querer ver "papeles" de 50 años atrás. No había periódicos de la época, consulté un mapa de la zona, y compré una guía para llevar en el coche, pese a no estar indicado en el mapa me hice una idea de donde estaba localizado "el pueblo" . Decidí volver a casa y preguntar a María. Al volver sentí una fuerte necesidad de comprobar que había localizado el pueblo realmente. Pero era tarde y sentía temor de que se hiciera de noche. Pensé en acudir al día siguiente. Pero otras circunstancias me lo impidieron, Elena me pidió que la acompañara al médico, evidentemente tuvimos que ir la ciudad. en el viaje me pidió que olvidara mi aventura, que no indagara sobre esa población, me dijo que sentía temor y que no sabía por qué. La acompañé a la consulta y allí la dejé mientras me acercaba a tomar un café. La noticia de Elena es que está embarazada, ahora no puedo quedarme más en su casa, siento que perturbo su intimidad y ellos no me dejan proseguir mis investigaciones.
Al día siguiente me acerqué otra vez al pueblo. Abandoné el coche a una cierta distancia y observé la población desde lejos, rodeándola en parte, acercándome a la zona costera, para ver si podía ver a algún habitante, pero aunque tenía la sensación de ser observada no pude ver a nadie.
De repente al voltear vi un hombre joven que se acercó, yo permanecí quieta aunque estaba muy asustada, tenía la esperanza de que al no verme no supiera que yo estaba allí, esperanza vana pues me habló advirtiéndome que "ellos" sabían que yo estaba allí y debía irme y olvidar todo. Yo pregunté:
-¿Todo?
-La existencia y la localización de este lugar. ¡Corra!, tienen amigos, no todos son ciegos y los que lo son...perciben las cosas, como yo.
Corrí, hice mi equipaje y me fui de casa de Martín y Helena. Llegué a la capital tan sólo tres días después, en el periódico dice que encontraron a un joven albino y ciego enterrado hasta la cabeza en el jardín de Martín y Helena. No he podido hablar con ellos, ella está hospitalizada, él ha sido detenido.
Esta mañana casi me mato, mi coche se quedó sin frenos. Este relato y el mapa que le acompaña han sido entregados a cinco periódicos, todos se han negado a publicarlo. También se lo entregué a mi abogado,no sabe qué hacer con él. Te lo dejo a ti, Martín, con mis excusas, espero que puedas hacer algo con él. Temo que yo pronto no podré hacer nada.
Me obsesiona tu rostro.Tu última fotografía: viejo, cansado, enfermo ¿Cómo pudiste dejar que te la hicieran? ¿Estabas ya sin fuerzas? ¿Habías perdido el juicio?
Y sin embargo, esos dedos largos, finos, delicados, esos ojos hundidos, esa boca marchita... algo queda allí en el fondo algo que nos habla y nos dice: aquí estoy. Aún sigo aquí.
Tan sólo una semana más tarde él ya no estaba allí y yo supe por las noticias que nunca podría llegar a conocerlo.
-Vámonos,-dijo la mujer- este pueblo está cargado de energía negativa.
El, acostumbrado a sus expresiones, se rió.
-Pero sino hay nadie, Tú sueles hablar de la energía negativa de las personas y aquí no hay nadie.
Ella dijo:
-Da igual que sea un pueblo abandonado. Es malo, me quiero ir.
- Pues vete, yo voy a hacer las fotos.
-¿Dónde vas?
-A la iglesia, puede que esté abierta.
Cuando entraron la iglesia estaba abierta, cuando quisieron salir no lo estaba, gritaron hasta enronquecer,
Hoy me desperté con la sensación de que anoche había bebido demasiado, primero abrí un ojo y luego otro pensando "que esté sola, que esté sola, que esté sola,..." en la cama no había nadie, buena señal. Pero se oía el ruido de la ducha, mala señal. Joder, podría haberse ido a su casa y así me evitaría el problema que tengo ahora...Estuve hablando con dos chicos en la barra, no, eso fue demasiado pronto; bailé con un chico de Girona, no, ese tampoco puede ser; al salir de la disco besé a un inglés, pero él y su amigo se fueron a su hotel. ¿Con quién me fui a casa?¿Pasó algo? Dios, si pasó algo no me acuerdo y tampoco me acuerdo de cómo era, ni de cómo se llamaba. De repente oigo la voz de mi madre:
-Mari ...¿Estás despierta? ¿Quieres un café? ¿No se te habría olvidado que llegaba hoy por la mañana? Me he duchado por que me dan un asco esos trenes... Nena, levántate. Ya son las 10.
Dios es aún peor que lo imaginado, llegué a las 8, son las 10 y en mi casa está ese ser que hace siempre las preguntas de tres en tres. Dios ¡Qué resaca!
Esa noche se repitieron los sonidos e imágenes que ya había vivido. Al día siguiente, presa de un ataque de actividad y de un extraño presentimiento decidí excavar el jardín, encontré algunos huesos y un manuscrito, resguardado en una caja bellamente labrada, pero con motivos horribles. Si alguien desea contemplarla deberá excavar otra vez. En cuanto al manuscrito, debo decir, avergonzado que tardé tres días y sus noches, en descifrarlo. Demasiado tiempo si se tiene en cuenta que manejo documentos antiguos desde hace más tiempo del que quisiera recordar. En cuanto a su contenido... era una narración de acontecimientos que quisiera creer fruto de una fantasía enfermiza, pero los hechos parecen corroborarla. Si así es mi vida acabará pronto, y cualquier intento de impedir la natural conclusión de los acontecimientos que imprudentemente desencadené será inútil.
En ese manuscrito se narran las aberraciones, los terribles hechos que se han producido en este lugar desde su fundación. Dicha fundación como centro religioso fue sacrílega: un grupo de nobles corrompidos en muchos aspectos que rodeaban a un noble aún más rico y corrompido que ellos se instalaron aquí con la intención de realizar sus desmanes sin responder ante la justicia. En aquel periodo confuso las autoridades eclesiásticas se concentraban demasiado en las cruzadas para preocuparse de las habladurías de unos campesinos que se quejaban de la desaparición de muchachas y niños, de ruidos extraños y ceremonias extravagantes. Los que se significaron en sus quejas desaparecieron misteriosamente. El abad murió tras 10 años de desmanes y fue enterrado en el jardín del claustro junto con el cadáver de un bebé: su propio hijo, asesinado por sus compinches durante su funeral. De forma más encubierta el resto de los "monjes" prosiguió con sus actividades satánicas, pero se alejaban más en la búsqueda de sus víctimas y redujeron los sacrificios, pues la jerarquía eclesiástica empezaba a preocuparse por ese monasterio extraño que no se significaba por la fama de santidad de sus monjes.
Estoy convencido de que en un sitio donde se han cometido tantos actos de maldad siempre debe quedar algo de esa maldad, pero aquí la relación directa con el demonio ha dejado algo más fuerte: una puerta que comunica la tierra con el infierno.
Al restar muchos años abandonado no se habían produccido nuevos acontecimientos, nuevos sacrificios, hasta el de mis pobres sirvientes y, estoy seguro, el mío.
Quise irme y no pude, quise quemar el monasterio y también me lo impidieron fuerzas invisibles. Oigo pasos... se aproximan...
Extracto del manuscrito encontrado en el monasterio de *** por la policía. No se encontró a ninguna persona dentro del recinto, ni la caja y el manuscrito al que se hace referencia. El monasterio ha sido habitado de nuevo por dos familias de la ciudad que quieren cambiar de vida y dedicarse a la agricultura. Tienen niños.
FIN
...a horse, my kingdom for a horse" (Shakespeare: Richard III, Act V, scene IV)o por un taxi que me sacara de aquí, o por la capa de invisibilidad de Harry Potter.
Joder, tengo una mala suerte. Es la primera vez que salgo en meses, por fin la chica de la tienda de enfrente de la oficina ha aceptado salir conmigo y la he llevado a cenar. Y ahora en el restaurante me encuentro a mi ex y al musculitos de gimnasio por el que me dejó. Lo peor es que ella aún no me ha visto y que yo sé exactamente cuándo lo hará. Justo cuando pidan los cafés, se levantará al baño y me verá, por que nunca toma postre y seguro que el sguatzeneguer de pacotilla tampoco.
Jolín, la de la tienda lleva un rato hablando y no tengo ni idea de lo que ha dicho.¿Cómo se llamaba? "Dive, thoughts, down to my soul".(Shakespeare:Richard III. Act I, scene I).
Obsesionado por la restauración me alejé del Barón y de mis amigos. Me recluí en una casita cercana, para supervisar las obras. Éstas fueron una sucesión de problemas, uno de ellas era que los obreros no permanecían mucho tiempo en su puesto. En cuanto se movieron algunas piedras aparecieron huesos humanos, al parecer habían sido enterrados algunos monjes, no en las habituales urnas sino en las propias paredes, eso hizo que algunos operarios se marcharan y que algunos arqueólogos se mostraran interesados, abrí la obra a esos estudiosos. En general, se mostraron tan poco perseverantes como los albañiles, marchaban de viaje súbitamente, se enfermaban u obtenían un nuevo trabajo lo bastante alejado como para abandonar la investigación. Acostumbrado a mis colegas de la facultad he de decir que dicha investigación me pareció desorganizada y carente de una dirección que se planteara algún tipo de coordinación. Pero uno de ellos, el Dr. *** me mostró cosas interesantes, se habían recuperado cinco esqueletos bastante completos de varones jóvenes, que habían muerto con violencia, principalmente por golpes en la cabeza, lo que sería normal en el caso de que fuesen guerreros, pero no monjes. Aún fue más sorprendente el encontrar en una cripta tapiada huesos al parecer femeninos y de niños, mayoritariamente bebés. El Dr. intentaba datarlos cuando desapareció, repentinamente abandonó su cátedra y su hogar y no dejó su nueva dirección. Algunos de sus colegas vinieron a buscar los huesos y se los llevaron en cajones. No he sabido más de ellos.
Para la rehabilitación fueron indispensables los dibujos del abuelo del Barón. Aunque tras la adquisición del monasterio, éste sólo me dejaba acceder a los dibujos que mostraban el exterior. No me permitió volver a consultar documentos. Tras otros inconvenientes más normales; digamos que los propios de toda obra; por fin, a principios del año 1990 pude instalarme en mi casa.
Se mantenía el problema del personal, la gente de los alrededores no quería trabajar en el monasterio. Finalmente contraté a un matrimonio oriental, que fiel y sigilosamente cocinaban y limpiaban. Poco a poco fui observando cosas realmente insólitas, unos vecinos me regalaron un gato y este apareció muerto en el jardín del claustro. Por cierto dicho jardín no tenía buen aspecto. Las plantas parecían medio muertas y todas adoptaban un aspecto sombrío y mortecino, por muy frondosas y saludables que parecieran en el vivero. Todo ello sin contar con los ruidos, corrientes de aire y otras molestias. Es preciso constatar que en cuanto al servicio sólo me molestaba su costumbre de cambiar mis cosas de lugar y luego negar que las hubiesen tocado. Los ruidos eran muy extraños, sobre todo eran muy claros por la noche, ya que los ruidos propios de la naturaleza debían ocultarlos durante el día. A veces parecía que se oían voces o cánticos, pisadas y carreras ( supongo que de ratas o ratones).
Lo sobrellevé todo con bastante flema, ya que podía tener una explicación racional, hasta que empecé a tener alucinaciones. Como he dicho soy una persona escéptica en esta clase de cuestiones, así que cuando me pareció ver como paseaban algunas figuras de largos hábitos y con capuchas por el claustro, acudí a diferentes médicos: oculistas, neurólogos y psiquiatras, que no encontraron nada anormal en mi físico, por lo que respecta a lo anímico el psiquiatra consideró que me había obsesionado con la casa y a eso se debían las alucinaciones. Me recomendó un viaje y volví a mi brumosa tierra natal dejando a los criados a cargo de la casa. Al cabo de un mes tuve que volver, pues los sirvientes no contestaban a mis llamadas. Descubrí que se habían marchado, al parecer precipitadamente, pues habían dejado tareas a medio hacer y objetos personales. Al ver el estado de su habitación mi primer impulso fue llamar a la policía, pues estaba todo revuelto, pero al comprobar que no parecía estar forzada ninguna puerta o ventana decidí no hacerlo. En realidad temía que me culparan a mí: soy extranjero y rico, eso puede despertar animadversiones. La habitación estaba llena de imágenes religiosas del peor gusto, de velas, etc. Sospechaba que presa del terror, simplemente se habían ido por su propia voluntad y decidí esperar.
Por la melancolía con que aquella anciana decía "cuando estaba sola"...comprendí que era viuda. Por la alegría con la que dijo "me viene a buscar Ricardo , mi marido"...comprendí que se había vuelto a casar.
Y me alegré.
Me dejó sólo. Me costó muy poco darme cuenta de que el archivo estaba espléndidamente organizado. Decidí examinar los documentos que había dejado a mi alcance. Eran recopilaciones de noticias de diarios locales, narraciones y anotaciones de fenómenos observados directamente por el abuelo del propio Barón entre 1921 y 1924. Claro que las noticias de los periódicos eran anteriores, las más antiguas databan de 1880. En general, se referían a acontecimientos acaecidos en las proximidades del monasterio: observación de luces y ruidos extraños, descubrimientos de huesos, velas y símbolos pintados en el bosque que lo rodea .
Abandoné el examen superficial de los documentos para reunirme con mi anfitrión que me comunicó que eso era sólo la parte moderna de la documentación que tenía sobre el monasterio. Desde la época medieval había constancia de la excepcionalidad del lugar. Se hablaba de posesiones demoníacas, de hechos espantosos, de desapariciones de algunos monjes y novicios, etc. Al parecer, se había construido durante el siglo XI, por deseo de un noble que deseaba ser enterrado allí. La leyenda aseguraba que dicho noble había vendido su alma al diablo y que luego, arrepentido, había querido ser enterrado en terreno sagrado para evitar cumplir su compromiso. Pero por motivos desconocidos el lugar siempre estuvo afectado por una especie de maldición.
En un impulso extraño me interesé por quién era el propietario de ese terreno y el Barón me informó de que aunque durante un periodo había pertenecido a su familia, tras la muerte de su abuelo la viuda lo había vendido a un rico comerciante, que pensaba derruirlo y construir allí una fábrica o un almacén de algún tipo. En esa época el monasterio, aunque abandonado, aún se mantenía en pie, también pervivían sus leyendas. Me brindó los datos de los herederos del comprador; al parecer, la fortuna de que anteriormente dispusieron se había esfumado, repentinamente decidí hacer una oferta de compra que aceptaron encantados. Afortunadamente mis propios ancestros me dejaron un capital considerable que los abogados de la familia no habían dejado de incrementar.
El Barón intentó convencerme de anular el trato de compra, pero mi tozudez lo impidió y no quise escuchar sus razones. Argumentaba que la compra del monasterio había provocado el deceso de su propio abuelo.Todo ello me pareció fruto de la superstición y la estulticia, me sorprendió que un hombre culto como él hiciera caso de esas leyendas. Decidí visitar mi propiedad, reconstruirla, arreglarla y vivir en ella. Tantos años de investigar "misterios" me habían inmunizado contra toda clase de fe, ya no creía en nada.
Ahi les va un cuento de terror que escribí hace algún tiempo, para no cansar, porque éste no es mini, lo partiremos un poquito:
EL MONASTERIO
Descubrí las ruinas del viejo monasterio después una comida campestre, con unos amigos naturales de esta región. Paseando encontramos una construcción casi completamente derruida. Me sorprendió gratísimamente, he de confesar que el campo y sus bellezas no son mis ocupaciones favoritas. Estos amigos a quienes conocí en un viaje, me sorprendieron con unos intereses distintos a los míos. Exploramos las ruinas y llegamos a la conclusión de que se trataba de un antiguo monasterio, pues encontramos parte del claustro. Mis amigos se burlaron de mí, diciendo que incluso en el campo de una región europea relativamente próspera y avanzada yo, que he dedicado mi vida a la investigación de misterios del pasado me encontraba con uno y ¡tan lejos de una biblioteca!
Mi estancia en la ciudad se debía a la consulta de un archivo privado, al que por fin me permitían acceder. Dicho archivo pertenecía al anciano Barón de ***, cuando tras innumerables gestiones conseguí que accediera a conocerme me desplacé desde Londres, sin pérdida de tiempo. Al parecer en su juventud había disfrutado de todas las alegrías que pueden proporcionar la escasez de años y la abundancia de dinero. Como algunas personas de vida licenciosa había cambiado completamente con la edad y vivía prácticamente recluido en un caserón mohoso, con la única compañía de un viejo criado. En ese caserón disponía de comodidades a la vieja usanza: un cognac excelente, algunas obras de arte magníficas y su archivo. Los documentos que lo conformaban habían sido adquiridos por la familia del Barón desde el siglo XVIII y todos trataban de misterios, fenómenos extraños y cosas de ese jaez.
Durante el curso de nuestra primera charla, al comentarle el hallazgo del monasterio acaecido el día anterior, mi anfitrión me informó de que en esa zona había existido un monasterio destruido durante la Guerra, que pese a estar vacío desde hacía más de 100 años había permanecido intacto hasta ese momento. Al preguntar por qué, me contestó que era un misterio.
-¿Qué clase de misterio?- insistí.
-De primera clase-contestó, conduciéndome al archivo.-Ese monasterio fue una de las obsesiones de mi abuelo. Él reunió mucha de la documentación que voy a mostrarle.-Dijo extrayendo unos libros polvorientos, aunque bellamente encuadernados.
-Este era el diario de campo de mi abuelo, aquí verá los dibujos que hizo alrededor de 1920, cuando estaba más obsesionado con ello. También iba por los pueblos recogiendo las leyendas locales de labios de los campesinos del lugar. Y además ... bueno, le estoy entreteniendo en exceso, le dejo trabajar, si desea unirse a nosotros en la comida ésta se sirve a las 2 en punto.
A veces te preguntas como es posible amarla tanto. Si sólo la ves en el autobús. En ocasiones piensas en faltar a tu trabajo un día para seguirla y ver en qué parada se baja, adónde va. Pero temes y te imaginas que la ves llegar a su casa, o la ves besarse con un hombre, o la ves recoger a su hijo de casa de sus padres, que se lo cuidan mientras trabaja para llevarlo al colegio...
Igual o más pavor te da la idea de hablarle. Pero, ¿y si un día no vuelve? Si por lo menos la llamaran al móvil...seguro que podrías enterarte de algunos detalles de su vida. Qué difícil es amarla así, en silencio. Pero quizás este sea el único modo posible de amarla, para ti.
Erase una vez una chica guapa y feliz que se casó con un muchacho bueno y trabajador, tuvieron hijos y nietos y vivieron felices hasta que se murieron.
Lástima que sólo puedan ser los protagonistas de un cuento, no los de una novela.
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