A raíz de una historia en La mirada del cíclope he recordado a Eva.
Eva era una niña a la que yo iba a buscar al colegio cuando su madre no podía hacerlo, tenía tres años y era muy inteligente.
Su madre era bastante estricta y entre semana podíamos jugar un rato, luego había que bañarla y darle la cena, para finalmente meterla a dormir a las 8.
Un día, cuando la estaba bañando Eva vio a una araña diminuta en la bañera y en un segundo ya había salido del agua, lo nunca visto pues le encantaba el baño y yo siempre tenía problemas para que saliera. Aunque no dijo nada yo me dí cuenta de que la pequeña araña le daba miedo así que le dije:
-¿Has visto que araña tan pequeñita?¿Adónde iría? Se veía muy decidida...
Eva respondió con rotundidad:
-Iba al médico, a que le pusieran una tirita- tranquilizándome-. El médico no le va a hacer daño y luego le va a dar un caramelo.
Así la araña pasó a formar parte de nuestros días juntas, las historias que nos inventábamos sobre ella comprendían a toda su familia, sus abuelas, sus padres, su profesora, sus compañeros de clase y duraron muchos meses. Empezaban así:
-¿Te acuerdas de la araña de la bañera? Pues...
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