En el país imaginario, hacía meses que se decía que iba a comenzar una guerra, que era necesario empezar una guerra porque algunas partes de país se querían separar de las otras. Pero en realidad, sus habitantes no creían que fuera a comenzar una guerra, pues siendo diferentes hacía muchas décadas que convivían en paz.
En el país imaginario, una mañana comenzó la guerra y vecino contra vecino, se desató la barbarie. Llegaron las armas y los hombres que marcharon a luchar se tornaron en fieras, azuzados por sus mandos, que a su vez eran azuzados por sus políticos. No se conformaban con matar, con quemar casas, con bombardear; también mutilaban, torturaban, violaban, ejercían el poder con absoluto desprecio por la vida, avergonzando a sus víctimas, queriendo que algunos siguieran vivos y destrozados, ya fuera por dentro o por fuera, sin saber porqué habían sobrevivido al horror.
En el país imaginario la población civil sólo tuvo un papel en el conflicto, el de víctima. Los que no estaban asediados, y eran por tanto una especie de rehenes ante lo que se ha dado en llamar Comunidad Internacional; eran apresados, en campos de concentración. Y los ilusos creíamos que el "Nunca más" era posible, que no volvería a haber "campos".
En el país imaginario siempre pisas sobre sangre humana, pues la sangre que se derramó fue tanta que empapó toda la tierra, y no ha podido limpiarse.
En el país imaginario la guerra no finalizó cuando se acabaron las "hostilidades", porque no hay justicia que valga contra la barbarie.
28/06/2006 13:05.