Una vez me presentaron a una chica llamada La Rosi, era la menor de 4 hermanos, la única chica. Su padre era camionero, sus hermanos eran camioneros y ella era camionera. Era de mi edad (veintipocos cuando la conocí). Me la presentó una amiga, nos habíamos juntado siete amigas de la Universidad y La Rosi, para pasar el Fin de Año en un piso en un pueblo de la costa. Teníamos todo para pasarlo bien: llevábamos comida para hacer la cena, uvas para la suerte y luego pensábamos irnos de marcha hasta ver amanecer en la playa...
Físicamente La Rosi era rubia, alta y muy corpulenta, sin ser gorda, digamos que era maciza. Vamos que tenía los brazos como jamones. La verdad es que destacaba como una walkiria entre el grupito de chicas universitarias menuditas y de pelo negro. Me cayó muy bien, una tía hecha y derecha sin tonterías, ni estupideces.
Después de la cena fuimos a una disco y estuvimos bailando muchísimo, en un momento de la noche me encontré en la barra a su lado, las dos mirando a un tío de esos que sólo por su aspecto te hacen creer en Dios ( cuando ves que baila con su novia retornas a la única fe verdadera : La Ley de Murphy). De repente La Rosi se inclina sobre mí y me dice:
-¿Has oído eso?
-¿Oído qué?-respondo, ingenua.
-El chof.
-¿El chof?
-Las bragas, que se me han caído al suelo.
Nunca volví a coincidir con ella, pero todas mis amigas conocen la anécdota y, de vez en cuando cuando pasa un tío que está realmente bueno, nos miramos y una dice:
-Chof.
Nos partimos de la risa y claro, él piensa que somos idiotas.
22/05/2006 20:55.