Cuando miro a mis nietas pienso en que ellas no se arrodillan. Yo me había arrodillado muchísino, en la escuela, con los castigos; en la Iglesia y en casa cuando cada día se rezaba el Santo Rosario. También nos arrodillábamos para fregar el suelo y para ayudar a mi madre a lavar la ropa. Quizás por eso estoy tan mal de las rodillas.
Ahora me sigo arrodillando para subirles a mis nietas los bajos de los pantalones. No se arrodillan, pero tampoco saben coser.
Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/